Clases de español en directo, de una hora, cara a cara por videollamada. No es un curso grabado ni un aula con treinta personas: somos tú y yo, y la clase se construye alrededor de lo que tú necesitas.
La diferencia entre un curso grabado y una clase en directo es la corrección. Cuando estudias solo, repites tus errores sin saberlo. En una clase en directo te los señalo en el momento, entiendes por qué lo son, y la próxima vez ya no aparecen.
Cada sesión dura una hora y se adapta a lo que traigas: una entrevista de trabajo la semana que viene, un examen DELE, o simplemente dejar de bloquearte cuando te preguntan algo por la calle.

Hablamos de tu nivel, de por qué estás aprendiendo español y de en qué te atascas. Con eso preparo la primera sesión: nadie empieza por la lección uno de un libro que no ha elegido.
Hablamos. Mucho. Corrijo sobre la marcha y voy anotando los errores que se repiten, porque esos son los que de verdad importan. La gramática se explica cuando surge, no antes.
Te envío las notas de la clase: lo corregido, el vocabulario nuevo y algo concreto para practicar. Práctica breve y específica, no treinta ejercicios de rellenar huecos.
Las clases se dan por videollamada y tú eliges la herramienta. Todas funcionan desde el navegador, sin instalar nada, y permiten compartir pantalla para trabajar sobre un texto o una presentación.
No necesitas nada especial: un ordenador o una tableta, auriculares con micrófono y una conexión razonable. La cámara ayuda, porque la comunicación es también la cara, pero no es obligatoria.
- Profesionales que trabajan en español. Reuniones, correos, presentaciones. Trabajamos con tus documentos reales.
- Personas que se han mudado a un país hispanohablante. El español del médico, del banco, del colegio de tus hijos y del vecino que habla rápido.
- Estudiantes que preparan un examen oficial. DELE o SIELE, con la estructura de la prueba y el tipo de tareas que van a caer.
- Quien lleva años estudiando y sigue sin hablar. Entiendes casi todo, lees sin problema, y al abrir la boca se te va. Es el caso más frecuente y tiene solución.
Presente, pasados básicos y el vocabulario de la vida diaria. El objetivo es resolver situaciones concretas: pedir, preguntar, presentarte, entender una respuesta.
Donde se atasca casi todo el mundo. El subjuntivo, ser y estar cuando ya no basta la regla del colegio, los pasados que se mezclan, el por y para. Y hablar con fluidez, sin traducir mentalmente.
Matices, registro y naturalidad. Dejar de sonar correcto para empezar a sonar nativo: expresiones que nadie enseña, ironía, y saber cuándo el español es directo y cuándo no.
La primera sesión no cuesta nada y no hay compromiso después. Sirve para lo que tiene que servir: que compruebes si te entiendo, si el ritmo te encaja y si te ves haciendo esto cada semana. Si no, no pasa nada.
No. Si empiezas de cero, las primeras clases se apoyan en imágenes y en mucha repetición, y vamos pasando al español completo según puedas seguirlo.
Una hora. Es el tiempo en el que se puede trabajar de verdad sin que aparezca el cansancio que hace que dejes de asimilar.
Una vez por semana es el mínimo para que haya progreso visible. Dos es lo ideal si tienes una fecha límite: una mudanza, un examen o un puesto nuevo.
Se busca el hueco. Escríbeme indicando tu franja horaria y lo cuadramos.
Si te sirve para repasar, sí, con tu permiso. Aun así, mucha gente prefiere las notas escritas que envío al terminar.
Te cuento qué plan te propondría y cuánto costaría. Decides tú, sin prisa y sin insistencia por mi parte.
