Empezar de cero, en clases individuales por videollamada, sin libro de texto y sin vergüenza. Desde la primera sesión hablas, aunque sea poco.
La idea de que primero hay que estudiar y luego hablar es la que más gente ha dejado sin aprender un idioma. Se aprende a hablar hablando, y hablando mal durante bastante tiempo.
En una clase individual eso es mucho más fácil que en un grupo: nadie te está mirando, nadie va más rápido que tú, y equivocarte no tiene coste social. Es el mejor momento para hacer el ridículo, y hay que aprovecharlo.

Presentarte, saludar, los números y las preguntas básicas. El presente de los verbos más frecuentes. Al final de la segunda semana puedes sostener un intercambio corto sobre ti.
El vocabulario de la vida diaria: comida, casa, transporte, dinero, salud. Pedir cosas y entender la respuesta, que es donde se cae casi todo el mundo al principio.
Los pasados, que es el gran salto. Poder contar lo que hiciste el fin de semana cambia por completo lo que puedes hacer con el idioma.
- Traducir mentalmente cada frase. Es inevitable al principio y hay que ir soltándolo pronto, porque a partir de cierto punto es lo que impide hablar con fluidez.
- Querer entender cada palabra. En una conversación normal nadie entiende el cien por cien, ni en su propio idioma. Se aprende a seguir el hilo con huecos.
- Aprender el vocabulario sin el artículo. Memorizar mesa en lugar de la mesa te condena a años de dudas con el género. Cuesta lo mismo hacerlo bien.
- Estudiar solo con aplicaciones. Sirven para el vocabulario y para mantener el hábito, pero ninguna te va a corregir la pronunciación ni te va a decir que llevas un mes usando una estructura que no existe.
Es el punto de partida más común. Las primeras clases se apoyan en imágenes, gestos y mucha repetición, y el español va ganando terreno según puedas seguirlo. No hace falta que compartamos otro idioma.
Una conversación corta y torpe, en las primeras semanas. Una conversación cómoda sobre temas conocidos, hacia los seis meses con clase semanal. Ese es el plazo honesto, y cualquiera que te prometa menos te está vendiendo algo.
Una hora, en directo y sin compromiso. Si empiezas de cero, es justo cuando más se nota si la profesora te encaja o no.
